Terapia Biodinámica. Confía en la marea.

Terapia Biodinámica

Una sesión de Terapia Biodinámica comienza con un momento de charla donde el cliente expone el motivo que lo trae a la consulta. El terapeuta explica la forma de trabajo, se aclaran dudas y cualquier otro comentario que consideren pertinente y  luego se pasa al trabajo en camilla.

En el momento en que empieza el trabajo en la camilla, el cliente está recostado y el terapeuta está sentado en su silla con las manos apoyadas en suave contacto sobre el cliente. A partir de aquí dejamos atrás toda conversación hablada y se inicia otro diálogo, el del lenguaje corporal. 

La atención en el cuerpo consiste en darse cuenta de sus apoyos, de la posición, de las sensaciones, de la respiración que ocurre a cada instante.

El momento de camilla en la Terapia Biodinámica nos va llevando -terapeuta y cliente- a «dialogar» a un nivel que no es el de la mente que busca respuestas razonando;  es un nivel más profundo al cual se puede acceder mediante la quietud del cuerpo, de las emociones y del pensamiento, de manera tal que el intelecto no participa para dirigir el proceso por medio de razonamientos, sino que «permite» que los procesos biológicos naturales de sanación que todo ser humano  posee, se desplieguen y se organicen.

Si alguien mirara desde fuera el momento de trabajo en camilla diría que allí no está pasando nada, pero ambos implicados (terapeuta y cliente) saben, por el hecho de estar experimentándolo, que pasan cosas, que hay un proceso en movimiento que está sucediendo con la misma naturalidad que la noche da paso al día, del andar de las estaciones, de nuestro avance cronológico…

… habitar el cuerpo, atender aquello que se expresa en y a través del cuerpo, libre de juicios y valoraciones.

De esta manera, la consulta se transforma en un espacio de meditación en el que van surgiendo la atención plena, la relajación, la quietud y la sanación.

 

La metáfora del espejo

Esta metáfora del espejo ayuda a comprender el rol del terapeuta y el del cliente en el trabajo en camilla.

El terapeuta es un espejo en el que el cliente «puede mirarse».

Cuanto más limpio esté el espejo, cuanto más fidedigno sea … más genuina será la imagen que refleje.

Mike Boxhall lo ha dicho simple y claro: «Ser escuchado en quietud es como mirar en un espejo limpio; lo que se muestra es lo que hay. El espejo mismo no hace ningún comentario sabio, no tiene consejos que ofrecer, solo refleja. Si yo puedo ver lo que realmente es, simple y desnudamente lo que es, ya sé lo que tengo que hacer.»